AYUDA, ¿QUÉ ES? La racionalidad y la ayuda
La ayuda es dar a un sujeto lo que necesita o desea para alcanzar algún objetivo.
El sujeto que tiene un objetivo muchas veces no sabe, con exactitud, lo que necesita para alcanzarlo.
Algunas cosas
las puede valorar como una ayuda de manera segura, pues de forma clara le
sirven para llegar a su objetivo, pero otras las desconoce, o no puede afirmar con
rotundidad que sirvan para alcanzar su meta, y por tanto, no las puede
calificar como ayuda.
Metas u objetivos son la supervivencia, el
aprendizaje, el disfrute, el crecimiento, o cualquier otra cosa que se plantee alcanzar un sujeto.
Los objetivos son determinados por
los condicionantes biológicos o instintos, también son determinados por los condicionantes culturales, o los
objetivos son elegidos por decisión del individuo, individuo que elige influido
siempre por los otros factores biológicos y culturales.
Ni el que recibe la ayuda, ni el
que la da, saben, en muchos casos con exactitud, si lo dado servirá de ayuda
para alcanzar los fines.
Dar no es ayudar: se necesita que
lo recibido sea sentido, considerado y finalmente sea útil, para el que lo
recibe, y le sirva para alcanzar sus metas.
El mero hecho de que entregue algo
a otro no significa que le ayude.
Por ejemplo, puedo dedicar una
tarde a acompañar a otra persona, pero si la otra persona no desea mi presencia
no se trata de ayuda.
Si yo doy a otro un objeto que no
quiere ni le sirve, no le estoy ayudando. Es necesario que el que lo recibe
considere lo recibido como ayuda.
La ayuda, por tanto, es subjetiva.
En un doble sentido, las personas eligen sus objetivos, y lo que consideran
útil para alcanzarlos. Lo que para una persona es de ayuda para otra no lo es.
Por lo dicho, no puede conseguirse
un sistema social de ayuda objetivo, igualitario y válido para todas las personas.
Lo que no significa que no se pueda
ayudar, pero nunca se puede conseguir un sistema de ayuda perfecto y adecuado a
las necesidades de los individuos, y más que buscar la perfección tenemos que
entender los parámetros y límites que tienen que ver con la prestación de ayuda.
En primer lugar como límite tenemos
que considerar que para dar algo se tiene que poseer.
No podemos dar lo que no tenemos. Para
dar algo es necesario que sea nuestro, necesitamos apropiarnos de las cosas
para poder darlas. Nuestro tiempo, nuestra sabiduría, nuestro cariño, objetos
que poseemos.
Sin propiedad no se puede ayudar.
Las personas se apropian de objetos
o de su vida haciendo lo que deciden ellas hacer, y los grupos se apropian
también de objetos, y necesitan apropiarse de parte de la acción y la vida de
los individuos, para actuar ayudando, pues los grupos no tienen vida propia ni
acción propia, lo que hacen, lo hacen por acción de individuos. Los grupos para ayudar necesitan apropiarse de la acción de individuos.
La ayuda, a veces, puede ser
autoayuda. Damos para recibir algo a cambio que deseamos. Todo lo que necesitas
no lo tienes tú.
También la autoayuda puede
consistir en no poder soportar el dolor ni los problemas de otros. Preferimos
solucionarlos nosotros para evitar el malestar que nos producen.
La ayuda no es racional.
Para ser racional debería cumplir
el principio de identidad y el de proporcionalidad.
El de identidad se refiere que podemos
distinguir cuando algo es igual a algo.
En la ayuda no podemos decir que
dar lo mismo a dos personas diferentes lo consideren una ayuda igual o
equivalente. Las metas, necesidades, deseos, y percepciones de las personas hacen
que la misma ayuda para dos personas diferentes no sea valorada igual.
El principio racional de
proporcionalidad dice que si damos algo a alguien y se considera una ayuda, si
damos el doble la ayuda será doble. Dar de algo el doble no significa que el
que lo recibe lo perciba como el doble de ayuda. La ayuda no es escalable,
proporcional o racional.
Por otro lado las consecuencias de
la ayuda muchas veces no están implícitas en el acto mismo de la ayuda. La
ayuda puede interferir la maduración, la dignidad o el aprendizaje de la
persona ayudada, y puede volverla más dependiente de lo que sería si hubiera
encontrado una forma de resolver su necesidad de manera personal, lo que puede
causar problemas en el futuro tanto al ayudador como al ayudado. El acto puro
de ayuda tiene consecuencias más allá de lo presente.
En resumen: la ayuda no es
racional, tiene componentes emocionales, tiene que ver con la subjetividad en
la elección de los objetivos y metas, que luego definen las necesidades del
individuo, y no cumple las reglas de racionalidad de igualdad o identidad y
proporcionalidad.
Es por tanto imposible construir un
sistema de ayuda social igualitario, perfecto y racional.
Lo que no quiere decir que no se
pueda ayudar, pero renunciando a la perfección, a la igualdad, y estudiando los parámetros de
la ayuda, sus límites y consecuencias.


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